MOMO SAMPLER: Operación Carnaval 2000

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Operación Carnaval 2000: así se llamó este secreto bien guardado que nos transformó en metalúrgicos. Una nueva locura de Rocambole y los Redondos. Por la permanente obsesión de entregar algo más, nació la idea de regalar un objeto para que sus seguidores pudieran ubicarlo cerca de su corazón.
Buscamos por cielo y tierra la “aleación mística” con la que fundiríamos más de 7 toneladas de metal que tomarían forma de medalla/escapulario, con un peso aproximado de treinta y pico de gramos promedio cada una. Sin buscarlo, nos encontramos en el camino con las matrices intactas de los padrones de sufragios electorales, (vaya a saber uno a qué elecciones presidenciales correspondieron), y que los “gitanos” entre regateo y regateo vendían por kilogramo, nunca comprobable por cierto. Estas matrices, llamadas en la jerga gráfica “pescadillas”, se obtenían fundiendo plomo, antimonio y estaño en líneas de hasta 64 caracteres utilizando las viejas máquinas Linotypes, cuyo inventor fue un aprendiz de joyero alemán de apellido Mergenthaler nacido a mediados del siglo XIX. Como si le faltara otro toque de mística, en el interior de cada uno de los escapularios se encuentran fundidos miles y miles de nombres de personas de todo el territorio nacional, ya que conseguimos padrones de varias provincias argentinas.
Con la imagen del Rey Momo a escala, esculpida y moldeada a mano en arcilla primero, y en Poxi después, iniciamos el proceso de matrizado.
Por mandato de Poli, todo lo debíamos hacer puertas adentro. Acondicionamos una vivienda junto a la imprenta bautizándola con el nombre de “La Casa del Momo”; mientras tanto el amigo Crispino, joyero de profesión, y de ahora en más encargado de la fundición, buceaba las “cuevas” del conurbano bonaerense en búsqueda de la máquina capaz de hacer cientos de miles de medallitas en pocos días. Misión que llevó a cabo con todo éxito.
El packaging fue construido sobre un esqueleto de cartulina impresa con tinta plata, forrada en parte con goma eva de color negro especialmente fabricada para este trabajo, y en cuya portada se aplicaron manualmente cada uno de los doscientos mil escapularios artesanalmente fundidos. El sistema de cierre fue bastante sofisticado ya que en el interior de cada envase se colocaron cuatro imanes corpóreos circulares.
Quedan en el tintero varias historias, por ejemplo cómo fue que realizamos la numeración de cada uno de los escapularios. Pero ése es un secreto bien guardado en la Cofradía del Rey Momo

 Flavio Mammini
                                                                                

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